En este nuevo artículo vamos a centrarnos en cómo afrontar una rabieta cuando se está produciendo. Las estrategias que podemos utilizar son las siguientes y nunca sustituirán un profesional:
- Intente permanecer calmado y no entre en discusión con el/la niño/a. Antes de controlar a su hijo/a, usted debe controlar su propio comportamiento, pegarle o gritarle hará que la rabieta empeore.
- Piense antes de actuar: cuente hasta diez! Intente comprender cuál es la razón por la que reacciona de esa manera y que es lo que hace que siga aumentando o se mantenga en ese estado.
- Trate de intervenir antes de que el niño/a se encuentre fuera de control. Póngase a la altura de sus ojos y dígale algo como: “Estás empezando a acelerarte demasiado, cálmate”.
- Cuando crea que la rabieta es para llamar su atención, ignórela hasta que se calme. Una vez que el niño/a se haya calmado, dele la atención que deseaba.
- En el caso de que el niño/a se encuentre fuera de control y vea que puede hacerse daño a sí mismo o a los demás, sujételo. Dígale que lo soltará cuando se haya calmado. Asegúrele que todo estará bien y ayúdelo a calmarse.
Abrace a su hijo/a y dígale que lo quiere pero que ese comportamiento no puede repetirse. Esta seguridad es reconfortante para un niño/a que tiene miedo debido a que perdió el control.
- En el caso de que la rabieta se diera en un lugar público, coja a su hijo/a y llévelo a otro lugar o súbalo al carro e infórmele de que se irán a casa si no se tranquiliza. Ha de tener en cuenta que una vez dicho, hay que cumplirlo.
- Una vez que su hijo/a se haya tranquilizado, hable con él/ella acerca del motivo que ha generado la rabieta y como lo ha experimentado. Si es posible, trate de ayudar a su hijo/a a resolver dicha situación.








